Qué tendrá la Luna, que tantos versos y canciones tiene dedicadas. Que
tantos la lloran, la sufren, pero también la aman. Es la oscura luz que conoce todos tus deseos.
Fiel guardián de primeros besos, discreta testigo de bienvenidas y
despedidas. Tu psicóloga a domicilio, tu pañuelo siempre limpio. Jamás te
salvará.
Conoce la verdad, y calla. Bendice la mentira, le divierte. Nunca
responde, y le seguimos pidiendo consejo.
No podía ser otro su hogar, el cielo. Punto de referencia, inalcanzable,
la quieren acariciar vagabundos, solitarios, escritores y soñadores.
Favorita, sin competencia. A través del cristal, nos mantiene conectados. Nos permite viajar, al pasado y al futuro, y siempre nos
devuelve al presente.
Si tuviera alma, habría muerto de sufrimiento. Si no la tuviera, nos
hubiera dejado sin todas sus joyas. Se adueña de todas las almas que suspiran
por ella.
Menguante, nos ha aborrecido. Creciente, necesitada. Y llena, su mejor papel.
Culpable de mitos, leyendas y supersticiones. Nos regala luces y sombras, sueños y
pesadillas. Y pase lo que pase, siempre volvemos a ella.
La
Luna. Qué tendrá la luna...

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