Sunday, February 19, 2012

Qué tendrá la Luna


Qué tendrá la Luna, que tantos versos y canciones tiene dedicadas. Que tantos la lloran, la sufren, pero también la aman. Es la oscura luz que conoce todos tus deseos. 

Fiel guardián de primeros besos, discreta testigo de bienvenidas y despedidas. Tu psicóloga a domicilio, tu pañuelo siempre limpio. Jamás te salvará.

Conoce la verdad, y calla. Bendice la mentira, le divierte. Nunca responde, y le seguimos pidiendo consejo. 

No podía ser otro su hogar, el cielo. Punto de referencia, inalcanzable, la quieren acariciar vagabundos, solitarios, escritores y soñadores.

Favorita, sin competencia. A través del cristal, nos mantiene conectados. Nos permite viajar, al pasado y al futuro, y siempre nos devuelve al presente.

Si tuviera alma, habría muerto de sufrimiento. Si no la tuviera, nos hubiera dejado sin todas sus joyas. Se adueña de todas las almas que suspiran por ella.

Menguante, nos ha aborrecido. Creciente, necesitada. Y llena, su mejor papel.

Culpable de mitos, leyendas y supersticiones. Nos regala luces y sombras, sueños y pesadillas. Y pase lo que pase, siempre volvemos a ella.

La Luna. Qué tendrá la luna...



Wednesday, February 15, 2012

Reflexión de martes noche


Cada noche intento no repetir el mismo trayecto cuando vuelvo a casa. Perdón, a casa no, al sitio donde vivo ahora.

Cada noche las calles que cruzo suelen estar casi vacías, y empieza mi momento más solitario del día. Un momento que atesoro y disfruto como pocos. Recorro a conciencia cada calle, intentando no pisar las mismas baldosas que pisé la noche anterior, ni la misma acera, y muchas veces tampoco las mismas calles, que cada vez me resultan menos extrañas.

Pero sí hay un punto en mi camino por el que intento pasar siempre. Y es la esquina donde un solitario músico cada día regala, a unos cuantos bloques a la redonda, el sonido de su saxofón.

Me voy guiando por su melodía, como si me indicara por dónde tirar hasta llegar a él. Un laberinto en el que ya no leo las señales. Y en cuanto le alcanzo no puedo más que agradecerle aquel momento con el dólar suelto que suelo llevar encima, para inmediatamente después sentirme miserable. Aquello vale mucho más, me está regalando su música y un valioso recuerdo.

A partir de entonces, cuando le dejo atrás, el camino ya sí es cada día el mismo. Una calle recta, ligeramente empinada. Me alejo de él, mientras aquellas notas poco a poco se van desvaneciendo. Y me pongo los auriculares. ¿Qué toca escuchar hoy hasta llegar a casa? ¡A casa no! Al sitio donde vivo ahora…

Meto la llave en la cerradura, y ya hace semanas que nadie me recibe. Y es cuando me doy cuenta de que estoy llevando una vida algo solitaria últimamente, pero que sé apreciar. Como si siempre hubiera habido alguna parte de mí pidiéndome un poco de mí mismo para mí mismo, y al fin se lo estuviera concediendo.

Y otra vez me pongo música. Mis canciones favoritas, para que el silencio no me distraiga.

Me gusta estar triste por la distancia. Triste por echar de menos a mi familia, a mis amigos, mi tierra, mi Elvis que tan mayor está y al que espero poder volver a ver, a mi ciudad, a mi mar y a mi costa… Y la nostalgia me acorrala, me asedia, y no sólo con recuerdos recientes, también con los de muchos años atrás. Pero me gusta, disfruto. Me da algo con lo que reconocerme, y significa que estoy viviendo esta experiencia, que estoy vivo. Éstas son sensaciones que alimentan el alma.

Lo siento en los huesos y en la piel, lo aprovecho, e intento que me sirva para sacar lo mejor de mí. Creo que este será el inicio de una bonita amistad… 

Tuesday, February 14, 2012

The Big One

¡Está a punto de sonar en San Francisco la sirena que avisa de un terremoto inminente..! Pero, tranquilos... sólo un simulacro. El mismo que cada martes, a las 12 del medio día clavadas (las 21:00 en mi tierra), suena por las calles de toda la ciudad. Viven con eso, pendientes de cuando llegará el Big One (el Grande), el que cada cien años se dedica a cargarse media ciudad, y que hace 106 años que no da señales de vida...(toquemos madera).


The Big One. La falla de San Andrés sigue viendo que a pesar de sus amenazas constantes, nadie abandona esta ciudad. Aunque todos están bien preparados. Con sus maletines de primeros auxilios, teniendo siempre localizada la documentación, unos zapatos y dinero en efectivo por si hay que salir corriendo.


Llevo sólo un mes en esta ciudad, y no ha pasado una sola noche sin que, antes de dormirme, haya recordado como debería actuar cuando llegue el momento...


Como en la vida misma, nos la pasamos entera esperando nuestro Big One. En el amor, en el trabajo, en nuestros proyectos, algunos en el casino...en positivo.  Y cada noche pensamos en ello. Con miedo, con ilusión, o con esperanza. Con lágrimas o con sonrisas. Y siempre vuelve a amanecer, y la tierra no se ha movido.


Sin embargo dicen que que la tierra, aquí, tiembla casi cada semana, algunos aseguran que incluso a diario. Pero la mayoría no lo sentimos, porque vamos subidos en un taxi, o en una bici, o simplemente estamos escuchando música con nuestro ipod mientras corremos en el gimnasio. Hasta que el día menos pensado, cuando ni piensas en ello... y justo cuando estás sentado en el water...